“La ciencia del sueño” de Michel Gondry

Michel Gondry es uno de esos pocos virtuosos que sabe utilizar la tecnología multimedia existente hoy día para crear. Su máxima expresión hasta el momento se alcanza en “La science des reves”. “Olvídate de mí” (con un fantástico Jim Carrey) y “Human nature” son sus otros dos largometrajes que seducen desde el inicio, con bandas sonoras que en vez de acompañar son parte de la historia (muchos grupos de los que dirige videoclips aparecen en ellos, véase “The White Stripes”) e impactantes fotogramas que rezuman energía.La ciencia del sueño Su exquisito gusto por la imagen y su búsqueda de la perfección creativa lo convierten en genio y se perfila como un director adelantado a su tiempo. Su convicción y su fuerza audiovisual le han permitido dirigir films, videos musicales e incluso realizar publicidad. Nació en Versalles, Francia, y sí, tiene ese toque bohemio que tantos han intentado plasmar pero casi nadie ha conseguido ofrecer en el cine. Michel Gondry es un valor en alza, un “rara avis”.

Los personajes que desarrolla en sus guiones son siempre seres que se alejan de un modo u otro de los comportamientos alienados de la sociedad. En “La ciencia del sueño” el autor ofrece al espectador la posibilidad de asistir al proceso creativo de una manera directa, honesta y desenfadada, incluyendo la magnífica e inquina tarea de idear más que de acabar los proyectos creativos. Cualquiera que se haya visto seducido por las alas de la creatividad se habrá topado con ese fantasma de no acabar las ideas que en su génesis fueron tan deslumbrantes.
“La ciencia del sueño” narra la historia de un joven tímido que vive a mitad entre el sueño y la realidad y se traslada a Paris para iniciar un trabajo de “creativo”. En esta ciudad conocerá a su vecina que le incitará a entrar en las redes del amor.
Al contrario de su anterior película aquí se invita al espectador a jugar más que a reflexionar, aunque tampoco se descarta el utilizar un poco la materia gris.

No es una película apta para todos los públicos pues su visionado invita al espectador a participar en su juego, a entrar en su mundo de fantasía, cabalgando entre la realidad y lo onírico. Pero el “esfuerzo” vale la pena y se sitúa como una de las obras más innovadoras dentro del séptimo arte. La poesía visual y la anarquía de su inventiva, en contraposición del surrealismo, le otorgan esa magia de la que debe constar el cine. El film respira romanticismo, libertad y respeto, incitando al espectador a ser dueño de sí mismo y a no dejarse sorpender por guiones manidos o personajes puestos con calzador, como por desgracia pasa con la gran mayoría de obras cinematográficas hoy día.
Gondry entiende el cine como arte, y merece el mismo respeto que otros autores que usaron el celuloide para la reflexión, véase Wim Wenders, Ingmar Bergman… ya que se aparta de todos esos directores que crean para comer o vivir. Gondry crea cine al igual que un escritor necesita escribir, o un ser vivo respirar.
Altamente recomendable para aquellos espíritus que necesitan crear, idear o inventar.
Un grito a la belleza de la razón y las ideas. Una oda a los ojos. Magnífica.
Lo peor: verla tras una comida copiosa. Lo mejor: el resto.