Puntos de vista de un melancólico

Contaba el gran dibujante español Josep Maria Beá que, siendo niño, visitó el estudio de otro gran creador Boixcar, el autor de Hazañas Bélicas.hazañas bélicas El hombre, admirado por el chiquillo, le fue mostrando todo su trabajo hasta que llegó a la obra que estaba ultimando. En ese instante el maestro se tuvo que usentar y dejó al pequeño Beá frente a la última creación. Sin dudar, cogió la pluma e hizo un pequeño punto en la págica que Boixcar estaba haciendo en aquel momento y ahí quedó todo. Pasó el tiempo, aunque no mucho, y aquel álbum se editó. Por aquellos días, Beá no tuvo más que una obsesión, saber si se había editado aquel punto, “su punto”. Abría el comic por la página cuya elaboración aquella tarde había presenciado y allí estaba, situado en una esquina, pasando desapercibido a los ojos de correctores, editores, tipógrafos y todo aquel que de alguna u otra manera hubiera revisado aquel trabajo: su punto. Beá compró la revista en distintos lugares de la ciudad, e inequívocamente estaba allí, para siempre, perenne frente a las nuevas generaciones, para la eternidad.
Para mi este blog siempre ha sido “mi punto”. Un punto en todos los sentidos. Uno ha visto abandonar muchos blog, muchos de los vínculos que aparecen en el apartado de enlaces o amigos son ya cadáveres. El abandono de un blog en Internet, es como dejar un barco a la deriva en un enorme océano, un buque fantasma, donde se detuvo el tiempo, donde el recorrido por sus camarotes es una metáfora de comentarios, post de reflexiones e instantes de una vida que quedan congelados. Una nave que vaga hasta que alguien que busca en Internet lo activa de nuevo: las máquinas se encienden, las luces brotan y todo se reanuda donde quedó. Si a caso alguien comenta algo, se une a la fiesta y al irse, todo se desconecta, el buque continúa su travesía aciaga a la espera de que alguien le de un nuevo giro al timón. Creo que siempre he tenido en mente esa imágen del barco y hablar de algo actual, de ayer, de siempre como es el cine, haría que estas voces sonara siempre, hablar de cine, era para mí como poner el piloto automático. Pero en el fondo contar algo que a uno le gusta y más si es un arte, es hablar de uno mismo.
Pero lejos de metáforas, lejos de ilusiones, la realidad es que hay lugares donde sólo somos palabras, pero también lugares comunes donde se lucha porque nuestra vida permanezca narrada.  Era un referente de ideas y reflexiones, intentar contar las cosas como a mí me gustaba leerlas, pero me encolerizaba en muchas ocasiones cuando veía la carencia de sentimientos propios, de vivencias. “Le falta alma”, le ponía mentalmente como epitafio, casi antes de irme a Irlanda, en una autocrítica a este edificio de palabras que, si alguna vez tuvo entidad propia, siempre le va a perseguir. Pero en aquel país ocurrió algo curioso. Aunque vivía intensamente, siendo una esponja de nueva experiencias, aunque como siempre, existía al margen del blog, repasarlo de vez en cuando, era un ancla, un referente de lo que había sido mi vida durante un tiempo.
Tenemos relaciones extrañas con lo que escribimos,ultimo tango en paris son parte de las reglas, del hecho de escribir, poner algo de uno mismo, aunque se narren vidas que no te pertenecen. Así cuando hablaba de la tristeza de Kurosawa, cuando intentaba sacar de las entrañas lo que para mí había sido ver aquella película llamada Vivir, también quería intentar transmitir el mensaje de ir más hallá de lo cotidiano, de un día a día que me ahogaba. Cuando hablaba de la soledad en el Último tango en París, ahondaba en el mensaje de la dificultad que era transmitir la soledad. Mi vida, tanto como lugar físico ,como estado de ánimo, distinta a la de ahora, estaba al lado mientras escribía aquellas palabras. Esos artículos hablaban de películas, si, pero si los escribiera ahora, lo haría de otra forma, con otro diferente estado de ánimo, destacando otros aspectos, resaltando otras ideas. Así, desde aquella Irlanda, que dejo que pase el tiempo para verla con perspectiva, iba repasando lo que había sido mi vida aquellos últimos dos años.